Llanes cuenta con un entorno natural privilegiado para el turismo que recibimos como un legado[1] de nuestros mayores.
Definimos el turismo, como un sector estratégico[2] capaz de actuar como palanca de desarrollo de los otros sectores productivos, de generar riqueza y bienestar[3] para toda la comunidad y de ayudar a combatir el reto demográfico y el despoblamiento rural[4].
Nuestro modelo turístico debe ser viable a lo largo del año[5] para lo cual debe afrontarse el reto de la internacionalización[6].
Las experiencias turísticas ofertadas deben estar basadas en la autenticidad[7].
El modelo debe ser sostenible desde una perspectiva triple: sostenibilidad medioambiental, sostenibilidad social y sostenibilidad económica[8].
Nuestro turismo tiene que enfocarse hacia la calidad[9].


[1]  Partimos de la consideración de Llanes como un legado que no nos pertenece y que estamos obligados a entregar a nuestros hijos.

Esta primera declaración implica en sí misma una consideración sobre el territorio. Utilizando el símil de una plantación de árboles, el objetivo no es el beneficio rápido y a corto plazo de los eucaliptus, a costa de agotar la tierra, sino plantar bosques de robles para el disfrute y orgullo de las generaciones venideras.

[2] El turismo no es un sector económico más, sino el sector estratégico de la economía de Llanes. Este hecho, que refrendan todas las variables económicas, debe traducirse en una implicación correlativa de las distintas administraciones públicas. Por decirlo con mayor claridad: esta condición estratégica del sector debe llevar aparejada la correspondiente dotación presupuestaria. En una Asturias en las que el turismo alcanza el 11% del VAB la dotación presupuestaria ronda la cuarta parte. En Llanes, la brecha es aún mayor.

[3] El turismo debe y puede actuar como palanca para el impulso de los otros sectores económicos: agricultura, ganadería y pesca; industria transformadora; construcción e industria auxiliar, y servicios.

En este sentido el modelo que se persigue es un motor, no sólo de generación de riqueza, sino un mecanismo de distribución de la misma en el territorio, villa y pueblos, y a sus habitantes.

[4] El turismo debe actuar como una potente herramienta para combatir el reto demográfico y el despoblamiento rural.
Estrategias como “Hecho en Llanes, del campo a la mesa” van encaminadas a este importante objetivo.

Hay que advertir del peligro real de que los pueblos se conviertan en urbanizaciones sin vida propia. La desaparición de los pueblos como entidades “vivas” pone en peligro el patrimonio antropológico y etnográfico, que junto con el natural y monumental, forma parte esencial de la oferta turística de Llanes y de nuestra comarca. Sin ese patrimonio no podremos ofrecer una experiencia basada en la autenticidad a nuestros visitantes. Adviértase la importancia, correlación y ayuda mutua entre el turismo y los Bandos de Llanes.

[5] El turismo de la avalancha durante los puentes y semanas centrales del verano está agotado y no da más de sí. Perseverar en esta senda solo puede conducir, tarde o temprano, a una dura reconversión del sector. Todas las acciones que se tomen deben tener siempre presente la necesaria desestacionalización.

[6] La desestacionalización no será posible sin la captación de un turismo extranjero sin el que no será posible alcanzar un punto crítico mínimo de clientes fuera de puentes, fines de semana y los meses centrales del verano. La internalización para el turismo de Llanes no es pues una opción sino una premisa. En el futuro nuestro turismo será internacional o no será.

[7] Finalmente los viajeros demandan vivir una experiencia. Esta experiencia debe ser capaz de satisfacer el deseo de autenticidad que nace de la forma de vida del hombre occidental. El turista extranjero ha renunciado a viajar a la España conocida – la de los lugares comunes y los tópicos- para adentrarse en el norte, en la franja verde de acantilados abruptos y bosques impenetrables. La tierra de las xanas y los trasgos…El cliente extranjero, también el nacional, ha venido a vivir una experiencia única.
Nuestros conciudadanos están cansados de mentiras y estafas más o menos disimuladas. Es además que tienen la información (y el poder)
El cliente extranjero que ha optado por el norte se ha informado detalladamente.

La oferta tiene que corresponderse en realidad y de verdad con la promesa, con la expectativa generada. La autenticidad no puede ser sustituida por un parque temático de cartón piedra y figurantes al modo de Disneylandia. También nuestros procesos requieren esta honestidad y coherencia (por ejemplo, un establecimiento que habla de naturaleza y sostenibilidad mientras su caldera quema gasoil)

En este mismo sentido, la masificación supone un peligro real.

[8] El turismo debe ser sostenible en términos “verdes” pero también socialmente – debe ser capaz de ofrecer un proyecto de vida a sus actores y de generar riqueza y bienestar para toda la comunidad- lo que implica que inexcusablemente debe ser económicamente sostenible: tiene que ser sostenido por empresas rentables con la capacidad de generar los recursos que comprometen las anteriores exigencias.

[9] Llanes es un destino que no soporta la masificación por lo que no es viable un turismo de masas que alcance la rentabilidad necesaria a través del volumen. La masificación va también en contra del propio ADN del Paraíso Natural por lo que la única opción es un turismo de calidad con el nivel de gasto adecuado por visitante.